El directo no perdona. Lo que se ve en pantalla se monta en el momento, así que el trabajo está en preparar bien la sala y en tener claro de antemano qué se corta y cuándo. No hay sala de montaje donde arreglarlo luego.
Hacemos la realización de vídeo —el cambio entre cámaras, los rótulos, lo que se da a los asistentes remotos— y nos encargamos también del sonido en directo, que es la parte que más se nota cuando falla. Y grabamos en paralelo: el mismo evento deja una retransmisión y un material del que después salen el resumen y las piezas para redes.